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Un universo doble #35

Que yo desee hallar un jardín donde yacer junto a las bestias, no significa que deba abjurar del mar de los desiertos, de la sal del sol y del son del sur.

En mis sueños la carnalidad del zarzal y sus chirridos, no contradice la ascética de la arena hecha un ascua o la épica del oleaje plagado de náufragos.

Tanto me sacia la rosa como la roca.

Tanto me consuela la impudicia del risco desnudo como el recato de la colina enlilada de brezo.

Mi luz y mi sombra se alternan en mi senda a la par que día y noche se relevan en el ámbito donde sufro y gozo.

Las cáscaras de los placeres de antaño no mitigan el pesar de las almas que me habitan.

Pertenezco a dos mundos que son uno y el mismo.

Mi compromiso con mi doble universo conlleva la asunción de la zarpa y la caricia, del beso y el mordisco, del deleite extremo y el llanto desatado.

Mi soledad no llama a uno ni a otro, no persigue la nada ni aspira al todo.

Acaso la baba con la que pringo mis momentos de fulgor, desvíe, por un instante, el río íntimo de aquellos que saben cómo hallar briznas de luz en la sima de los sueños.

Sur y silencio en natural soledad son el campo donde me place echar redes y raíces, donde me siento llamado a mejorar las flores y a dar un abrazo a los vientos que me constriñen desde el este y el oeste.

Norte y reclusión son espejos que debo romper antes de partir como elefante solitario.

Norte y niebla, norte y nieve, norte y nadie son ventanas de la casa que debe arder junto a las ideas que la cimientan.

Solo así la transparencia del carámbano reptará audaz por las vaguadas que conducen al sur del norte, incrustando en el ámbar de sus carnes un pedazo del fuego que Prometeo entregó a los hombres.

Siempre es mejor hacer camino con un ascua en el agua y un escalofrío en el vacío.

Sé que todo descenso a los mares precisa de discordantes maridajes.

Sé que todo ascenso al alto fondo de los pozos no solo requiere una pizca de fulgor en cada ojo sino un exceso de osadía en la mirada.

Constato al fin que observar la maleza soñada sin que en mis pies arraigue el miedo, me ayuda a beber confiado el agua inmoleculada que arrojan los océanos, purgando de sus olas los poemas que los otros que fui no acertaron a escuchar en sus envites.

Barcelona, 20-21 de noviembre de 2017